Carta al Corazón

Querido Corazón:

Sé cómo te sientes. Has pasado de reír a llorar en cuestión de horas y no comprendes cómo acallar la pena. Te diré algo. Deja que te habite la tristeza, que visite por sorpresa los rincones profundos que nunca has mostrado a nadie. Acaríciate y no tengas miedo de sentirte vulnerable.

Abierta. La herida. Lágrimas que explotan en un recital de ilusiones rotas, en un atardecer de sombras, de luces que se esconden para dar paso al silencio, al vacío de una caída desde el ombligo de la Luna. Te toca parar, atravesar la pena, sumergirte en el océano de la escucha y respirar lento, como quien inspira su propia savia en la búsqueda del antídoto para superar el dolor, esta vez, sin anestesia.

Corazón, sé que no es fácil y que no te gustan las despedidas. Pero aún así, a pesar de todo, eres bravo y determinado, sabes que esto también pasará y volverás a vibrar y hacer oír tu latido. ¡Qué se entere el mundo que estás vivo, que aún tienes fuerzas para seguir a pesar de los desafíos y los contratiempos!

Te propongo un pacto para volver a sincronizarnos:

  • Suelta la expectativa y entrégate al instante. Es lo único que tenemos: El presente, el regalo.
  • Promete respetarte y ponerte a salvo para evitar dañarte.
  • Acepta el proceso como parte del camino de aprendizaje hacia tu centro.
  • Rompe con las cadenas que te atan al pasado y a seguir sintiendo lástima por ti.
  • Siéntete merecedor de vivir una vida con sentido y cree que es posible hacerlo realidad con valentía.
  • Ámate desde la autenticidad y equilibrio, más allá de las necesidades e hipotecas emocionales.

¿Aceptas este pacto?

Te apapacho con las alas abiertas para que vueles en libertad y sin miedos. En definitiva, eres la melodía que arrulla los inviernos del alma.

 

 

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