Hay que saber meterla…

Era un martes a las 14.15 horas. Iba grabando un audio con el teléfono cuando apareció. En un momento bajé mi mirada y… ¡tatatachan! la ví. Se encontraba tumbada, parecía que dormía plácidamente en el colchón de asfalto y velocidad.  Era Ella. No tenía ninguna duda. Me quedé sorprendida al verla, no me la esperaba así de improviso. Tal fue mi entusiasmo que a la persona a quien le estaba grabando el audio le dije… ¡wow, acabo de encontrarme con Ella!. En ese preciso instante, mi móvil se apagó… y yo me quedé con la cara ilusionante de quién ve algo por primera vez y encaja una nueva pieza del puzzle.

La saludé aunque fui incapaz de detenerme a conversar, tenía prisa. De camino al coche afloraron muchas incógnitas… ¿para qué aparece hoy? ¿qué me querrá decir? ¿cómo ha llegado hasta mí? Monté en el Yaris e inicié la marcha aunque algo me decía que parase. Puse las luces de emergencia y volví a mirar por si aún seguía ahí. En efecto. Me estaba esperando. La recogí y continuamos el viaje. Ahora Ella estaba conmigo. Todo cobraba sentido.

Como si de una revelación se tratase, en el camino comprendí que Ella había aparecido para recordarme mi misión: abrir las puertas del corazón y acariciar conciencias a través de mi voz para despertar así a la vida y a sentir. Justo el día de antes había locutado el texto “Me gustas tal y como eres”, una inspiración dedicada a esas mujeres que siendo Preciosas aún no consiguen admirar su propio reflejo.

Ella vino para quedarse. Fue su regalo. Había estado tan perdida años atrás… abriendo multitud de puertas, con llaves de todos los tamaños y texturas, sin saber realmente cómo meterlas: Llaves que abrieron mansiones y zapateros y luego se cerraron por reforma, llaves efímeras, de polvos traslúcidos, de usar y tirar, llaves sin candado, con cerrojo, de plástico, internacionales, llaves de sueños borrachos, de amores dePendientes y pulseras, llaves con aroma a sal y sabor a despedida…

¿Cuántas llaves perdí para evitar el desierto? Confieso que cerré muchas por los miedos, por experimentar lo desconocido y romper las reglas del juego… cerré puertas y me quedé dentro, en el silencio oscuro que martilleaba los deseos, que impedía desgarrar la jaula donde poco a poco mi voz iba muriendo.

¿Cuántas llaves necesité para abrirme por dentro, desmontar el circo y calmar a las fieras? En verdad… ¿cuál fue la llave que abrió todas las puertas?

Ella lo sabe. Para eso vino.

El Amor es la Llave que todo lo abre. Permite que derrumbe tus cerrojos y abrace la sol_edad de los miedos.

 

Para reflexionar.

¿Qué puertas sientes que te gustaría abrir y no te atreves?

¿Cuáles te gustaría mantener abiertas y cuáles cerrar para siempre?

¿Cómo reaccionas cuando se te cierran las puertas? ¿Buscas soluciones o te cabreas?

Cuando una puerta se cierra…

 

Más inspiración

Te invito a que escuches la canción de Gloria Estefan “Abriendo puertas”, un canto a la alegría de vivir. La canción está contextualizada en el Año Nuevo. Te  propongo que lo hagas por el Día Nuevo que tenemos la oportunidad de vivir como un regalo bellísimo cada despertar.

 

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2 respuestas a «Hay que saber meterla…»

  1. eres única Míriam gracias por todo desde luego es muy importante sentirse bien en el día a día y intentar avanzar y personas como tú hace posible que esto pueda hacerse posible y que la vida hay que intentar disfrutarla y sobre todo intentar reír reír sin parar y ser feliz aunque a veces sea muy cuesta arriba estoy segura que se puede salir de ella un beso Míriam y gracias por existir y transmitir a las personas tanto amor cariño y alegría ??????

    1. Hola Susana! Muchas gracias, cariño. Todas las personas somos únicas, solo que en ocasiones se nos olvida activar la llave de nuestra propia felicidad y vivimos en piloto automático con las emociones anestesiadas. Gracias por resonar con mi mensaje y vibración. Es un placer compartir camino con personas tan bellas y entusiastas como tú. Un abrazo de alas.

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