No te quiero, Te vuelo!

Amar… wow, qué palabra tan poderosa, ¿verdad? ¿Has sentido alguna vez el Amor desde tu centro? Se nota cuando es auténtico porque se crea en un espacio seguro, de pertenencia, donde cada persona puede ser tal cual es. No hay apegos, exigencias, ni se quiere cambiar ni controlar a la pareja, se da libertad para Ser y compartir desde ahí, crecer en compañía, de manera consciente, encontrando en la pareja un espejo precioso donde pulir partes inconscientes que de otra manera no seríamos capaces de dar luz.

Yo antes no sabía amar, me dedicaba a querer. Y es que primero he tenido que aprender a amarme yo, con todo lo que soy, con mis luces y mis sombras, con mis días brillantes y las tormentas que remueven el Alma.

El viaje del amor hacía mí misma me ha permitido transitar trayectos fantásticos. El primer trayecto que hicimos juntas fue aprender a respetarnos, a defendernos ante las amenazas, buscando la seguridad. Conecté con la emoción miedo para sentir más armonía en mi vida.

El siguiente paso en mi camino del Amor fue aceptarme… para ello tuve que transitar un desierto que quemaba y vivir las pérdidas desde la aceptación, con el fin de sanar mi corazón y desarrollarme. La tristeza me trajo claridad.

El siguiente viaje que emprendí fue el de tener mayor justicia en mi vida y cortar con todo lo tóxico que me estaba impidiendo evolucionar. Corté con manipulaciones y mentiras y empecé a revitalizar mi cuerpo y atraer más energía y fuerza. La rabia me ayudó a hacer justicia por mí.

El siguiente destino me trajo reconocerme más allá de las formas y las máscaras. Me brindó admirarme y crecer. Aprendí a mirar dentro de mi Ser en vez de fuera. Dejé de compararme. Empecé a creer en mí. El orgullo me trajo el estatus personal.

Y cuando transité estos trayectos… y abracé la experiencia y aprendizaje de cada uno de los viajes, entonces…llegó el Amor. Ahora soy capaz de mirarme al espejo y reconocer mi camino de vida, de mirar más allá de lo visible, de sentir orgullo de ser yo, de darme cuidados, de alentarme, de motivarme. He vuelto a mi centro para quedarme. Ya no necesito buscar la aprobación fuera, ni contentar a los demás para recibir afecto.  He descubierto cómo brindarme el amor más bonito y puro que jamás he podido recibir, el Amor hacia mí misma.

Cuando empecé a Amarme… el Amor entró en mi vida de lleno. Seres maravillosos empezaron a aparecer, señales, regalos, experiencias sublimes… desde entonces yo ya no digo Te Amo…, porque cuando comparto el Amor desde mi centro y en libertad, no toco tierra… sino Te Vuelo!

 

Inspiración para seguir explorando el Amor:

 

Canción de Whitney Houston. El Amor más grande del mundo.

Extracto del libro “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry

—Te amo —le dijo el Principito.
—Yo también te quiero —respondió la rosa.
—Pero no es lo mismo —respondió él, y luego continuó— Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía. Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.

Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.

Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.

Amar es desear lo mejor para el otro, aun cuando tenga motivaciones muy distintas. Amar es permitir que seas feliz, aun cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.

Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro. Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento.

Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de ti, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.

Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.

Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como pareja, padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí. Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.

—Ahora lo entiendo —contestó ella después de una larga pausa.
—Es mejor vivirlo —le aconsejó el Principito

 

Amalaiv

(Significa I’m alive en inglés= Estoy viva)

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4 respuestas a «No te quiero, Te vuelo!»

  1. No hay nada tan complejo y hermoso.., como conocerse a un@ mism@ y amarse con su belleza e imperfecciones…
    Es un gran camino de introspección.., pero desde luego que merece la pena!!!!
    Muchas gracias MIRIAM.., porque haces tremendamente fácil, lo que en ocasiones no es tanto.. pones palabras precisas y concretas a los sentimientos que a veces difícilmente podemos ni tan siquiera reconocer o describir… te lo he dicho muchas veces.. Gracias por tu labor.., tremenda y maravillosa.
    ❤️?

    1. Mamen, mil gracias por tus palabras de reconocimiento y apoyo a mi misión. Me siento feliz de poder inspirar con mis propios aprendizajes a personas como tú que lo reciben con tanto agradecimiento y emoción. Todo un orgullo. Un abrazo de alas. Te vuelo!

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