¿Cuánto te queda de vida?

 

Ayer me encontré un coche fúnebre en la carretera, con una corona encima del ataúd…y sin apenas darme cuenta… empecé a llorar, de una forma incontrolada, como queriendo  limpiar un corazón que a veces también llora y necesita parar, aceptar y colocar.

La vida nos tiende desafíos y retos en forma de experiencias para aprender de ellos, para sacar nuestra mejor versión, para permitirnos crecer y sanar nuestras heridas más profundas. Ayer mi corazón estaba triste y no reía, ayer mi corazón lloraba… Yo oraba… en una plegaria  mágica que me permitió soltar en un grito todo cuanto había estado callando… desilusiones, frustraciones,  pérdida de expectativas, abrazos no dados, sonrisas que se desvanecen en miradas sin alma…  Es curioso todo lo que la emoción tristeza brinda cuando nos paramos a escucharla: aceptación, desarrollo, claridad, toma de conciencia.

Durante muchos años he vivido presa de un personaje que solo reía… reía desde fuera, desde la máscara que se comunicaba desde lo externo y no escuchaba el llanto de un corazón cautivo de las formas, de lo “correcto”,  un corazón  que lloraba porque no tenía libertad para expresar a quién amaba  y no se atrevía a crear y construir desde su esencia.

Gracias a permitirme la tristeza en mi vida y abrazarla con todas mis fuerzas  mi corazón hoy ríe de verdad, pues ya no se esconde… ¿acaso hay algo más liberador que permitirnos ser y mostrar nuestras emociones que nos ayudan a sanar?

Abrir mi corazón y cuidarlo se ha convertido en mi mayor tesoro, pues he  comprendido que solo cuando me doy lo mejor, lo escucho con honestidad y sigo con valentía su latido… me siento VIVA.

Lo que me lleva a lanzarte la siguiente reflexión… ¿hace cuánto que no escuchas a tu corazón? ¿Hace cuánto que tu corazón no ríe de manera genuina y con coherencia? ¿Cuánto tiempo te queda de vida para realmente escucharlo?  El latido de tu corazón te habla a cada segundo… ¿te atreves a darle voz?

 

Amalaiv

(Significa I’ m alive en inglés= Estoy viva)

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