Cuando el cuerpo se va… la voz permanece

Era la primera vez que pasaba tanto tiempo fuera de casa. Ya llevaba cuatro meses en México. Sentía nostalgia de mi familia y seres queridos. Enviar audios inspiradores en la distancia me hacía sentir más cerca y en pertenencia.

Ella siempre me respondía: Lourdes, una antigua vecina de mi bloque de toda la vida con quien retomé el contacto gracias a las redes sociales. Ese día decidió ponerle el audio a su madre, Dominga, quien vivía sola tras haber perdido a su marido, Francisco, hacía diez meses.

Escuchó mi inspiración y me envío un mensaje de voz dándome las gracias. ¡Fue tan hermoso!. Pareciera que estaba allí. Podía verla, con su SOLrisa prendida y su optimismo por bandera, sus alas abiertas, siempre dispuesta para abrazar.

Después de un intercambio de mensajes de voz sentí mi cuerpo vibrar. Era alucinante cómo podía sentir su presencia a más de 9000 km de distancia. Y es que la voz tiene la gran capacidad de conectar con el cuerpo de la persona; aunque no podamos verla, podemos sentirla.

Aquí comparto el mensaje que me transmitió ese día que me hizo vibrar. Su hija Lourdes me decía que le hacía mucho bien escuchar mis mensajes y que estaba deseando que regresara a España para compartir una comida las tres juntas.

Hoy Dominga ya no está con nosotr@s. El COVID-19 hizo que su corazón dejase de latir, mas no ha podido llevarse su recuerdo y su voz. Ella sigue resonando muy profundo en las personas que tuvimos la suerte de conocerla y compartir tiempo con ella. Fue un auténtico regalo.

Por ello, te dedico estas palabras de luz, Dominga, para que te acunen allá donde estés.

¡Un abrazo de Alas! ¡ Hasta siempre!

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